Domingo lluvioso. Ya de por sí la noche anterior había sucumbido a mis
pensamientos y había acabado durmiéndome mojada en lágrimas. Y hoy, llueve. Al
levantarme nada ni nadie me ha sonreído. ¿Por qué pienso tanto? ¿Por qué le doy
tanta importancia a lo más insignificante? Acabar durante todo el día
silenciada por mi orgullo, encerrada durante dos horas en un baño y en uno de
aquellos instantes en que levanto la cabeza ver las gotas resbalando por el
cristal de la ventana... Y prometerme a mí misma "No salgas de estas cuatro paredes, no salgas hasta que salga el
sol" Y por orgullo, ni siquiera he bajado a
comer. Por suerte he podido alcanzar mi libro y continuar la aventura de Mack
en Un
lugar llamado libertad, pero poco ha durado mi aventura en otro
mundo... Y lo que más me dolía es que el
móvil no sonó en todo el día... Nadie fue capaz de hablarme, nadie se
acordó de mí en un domingo de lluvia, mientras yo me pasaba la tarde en la cama
mirando la televisión, capítulos que había visto varias veces y no me creaban
ningún interés, mirando las imágenes cambiar y yo sin dejar de pensar qué coño
hacía ahí tumbada, por qué no encontraba la energía para ponerme en pie y hacer
cualquier cosa. CUALQUIER PUTA COSA.
Pues no, lo he convertido en uno de mis peores días, creyéndome ignorada y
manifestando de una sola forma mis sentimientos a través de twits. Todo lo demás estaba en mi cabeza
y no tuve a nadie a quién contárselo, a nadie con quién hablar, a nadie que me
sacara una sonrisa durante todo el día y a nadie que me hiciese olvidar todo. Nadie. Y todos mis tormentos como una
avalancha me atraparon entre recuerdos, desilusiones y puñaladas. Todo guardado
para mí. Y sé que nadie podría decir que estoy así, soy una chica bastante
alegre y enérgica. Nadie me pregunta. Nadie me pregunta cómo estoy en verdad.
Nadie hurga en lo más profundo de mi persona. Pero mejor. Pocos deben saber qué
es lo que tengo yo en la cabeza realmente.
A veces me siento terriblemente hipócrita, pues doy una imagen de mí que no
es la real. Pero es algo que no controlo, es una hipocresía inconsciente. Todo porque mi corazón está encerrado con cadenas y candado. Por
miedo, por ser decepcionada y por decepcionar. Soy yo la que pone barreras a
los demás y no dejo acercarles. Mi persona tiene límites, y nadie tiene permiso
para atravesarlos. ¿Por qué? ¿Por qué no sé si son dignos de ello, no sé si
merecen sufrirlo, no sé si se quedarán. Hoy me siento muy egoísta y no voy a responder a preocupaciones de los
demás por muy mal que me siente. Lo siento por esa chica, la única que se
ha atrevido a a hablarme... pero no por mí, sino por sus propias
preocupaciones. Hoy no soy para nadie, hoy
soy para mí. La música ha sido la única que me ha salvado. Y tengo dolor de
cabeza. Creo que lo mejor que puedo
hacer es mandaros a todos a tomar por culo, a todos a los que quiero y necesito
para vivir, pues hoy he descubierto de mí que tengo que aprender a estar sola.
Me creía fuerte, pero creo que soy incluso más débil que hace un año. Aprenderlo solo depende de
mí.
Y me voy a concluir este puto día
de mierda antes de que me mate mi cabeza. Seguro que mañana al despertarme y
llegar al instituto alguien me saca la
sonrisa que nadie me sacó hoy.

No hay comentarios:
Publicar un comentario