Vacío. Como el vagón antes de llegar a la última estación. La música en los cascos es ignorada hasta tal punto en que es un leve ruido que no quiero comprender. Me quedo con la mirada fija en un punto cada vez distinto, a través de la ventanilla, en esa oscuridad en los profundos túneles del metro. Y de repente un tren se cruza en dirección contraria, alumbrándome con su luz y blancura, pero dura un instante, ese choque de ruidos semejantes que rebotan por las paredes, un instante que lo convierte en una estrella fugaz.
Paseos en enormes salas tan vacías a unas horas, tan llenas a otras. Paseos por suelos blancos, pisados por millones de personas. Dando vueltas, deteniéndose, jugueteando mientras observa las hermosas obras colgadas en la pared. Qué asco, he pensado alguna vez, mierda. Me hace sentir basura. ¿Basura yo? Basura ese puto dibujo a pincelada limpia colgado en esa enorme pared blanca, dándole más importancia a esas trazadas sin sentido en un lienzo. ¿Eso? ¡Eso puedo hacerlo yo, joder! Me dan ganas de descolgarlo, tirarlo contra el suelo y patearlo hasta que cruja. Ah, si lo viese el autor, me arrancaría la cabeza de cuajo. O quizá solo lloraría en un fino y repelente tono francés, suplicándome que parase. Métete en tu mierda de cuadro y desaparece con él. ¿Y tú te haces llamar artista? Muerto de hambre inútil que se dedica a rayar lienzos...
No... Sigo caminando por esas salas, y por desgracia o por fortuna, la mayoría me resultan fascinantes. No hay uno solo que desea descolgar, tirar y patear. Y si lo hay, no me ha llamado la atención.
Y entre cuadro y cuadro yo pienso... ¿Por qué? ¿Por qué ellos? ¿Por qué no yo? Quiero acariciar sus obras y sentir el papel sufrido en mis yemas... Quiero ser papel que agoniza por ser hermoso, quiero ser pincel que baila por él, carboncillo que se deshace por dárselo todo, quiero ser mis propios dedos difuminando hasta doler. Quiero ser ellos. Hacer lo que ellos. Y nosotros, en estos tiempos tan apresurados y en esta sociedad tan ciega y egocéntrica, ¿quién coño nos valora? Ya no quieren ver nada, ya otros lo han hecho ver antes que nosotros... que nos queda por cantar, que nos queda por pintar, que nos queda por escribir... ¿Qué poco podemos hacer distinto?
No sé tú, pero esa mínima oportunidad de sorprender hasta al más grande y tradicional, es mía. Velázquez vive con sus Meninas y Bécquer con su Leyendas, hasta Elvis con su Jailhouse Rock
, ¿por qué no podría yo seguir viviendo con mi... con mi futuro sueño?
Ojalá ese que sueña con ser un gran artista e igualar a los renacentistas en su pintura, lo consiga, pero solo aquel que lo desea de verdad, que no se rinde, que vive, se apasiona, sufre, llora, ríe, se enorgullece, se decepciona, se emociona y muere por ello, solo ese tiene derecho a cumplirlo.
Ojalá aquella que sueña con hacerte rozar el cielo con una frase, a ti, lector, que te caiga una lágrima, que aprendas de lo que lees, que rías al coincidir con una anécdota que te cuento, que te excites en mis más íntimos relatos, qué sufras, que te atemorices, que me llames injusta, que te sorpenda, que te decepcione, que te haga terminar la última página con un suspiro y la tristeza de no encontrarte con nada más que un punto y final de esa historia... Sólo eso, y mi incertidumbre. Mi eterna intriga, mi ansia eterna de querer verte en cada momento cada vez que me lees, y a la vez el placer de imaginármelo sabiendo que no lo veré nunca.
Que cuando muera, escuches Jailhouse Rock, visites el museo y veas Las Meninas, leas las Leyendas de Bécquer, cumplas tu sueño y entonces, me recuerdes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario