domingo, 9 de septiembre de 2012

'Café'


Mátame estos nervios, que acabarán obligándome a hacer tonterías. Tonterías que no me dejan dormir, se me clavan como piedras en la almohada. Una. Dos. Tres. Seis horas sin dormir, dando vueltas en un colchón invisible e infinito. Entre decenas de tonterías, cuánto escapa de nuestra boca. Un chillido de pánico al encontrarte con tu mayor temor cara a cara, un grito de furia, dos sencillas sílabas llenas de odio. Puta. Un bostezo inevitable a mitad de una conversación inmensamente aburrida. Un eructo en el peor momento, rebotando por cada pared de la habitación. Un suspiro indignado sin saber en qué brazos esconderse. Un orgasmo rápido entre sudor y labios secos. Una sonrisa tímida de la que nadie se percata más que la persona más indicada. ‘¿Cuántos cafés has tomado hoy?’ El placer de pisar un cristal y notarlo crujir bajo tu zapatilla.  ‘¿Por qué piensas que he tomado café?’ Tu aliento te delata, y tus seis horas entre revolcones y pensamientos en las cálidas sábanas. Yo te vi. A través de la ventana. El cristal se rompió y te entretienes pisándolo. Claro, cómo tú no lo tienes que arreglar. Tú sólo tomas cafés, la llamas puta y eructas en la cara de su padre. ¿Quién puede dormir así?
Es precioso, ¿eh? El color tan dulce del café, en esa taza de porcelana blanca, su olor ascendiendo hacia el techo dejando un rastro de humo apenas perceptible. ¿Y qué me dices de esa espumita color crema? Ahora quiero tomarme un café, antes de acostarme, antes de clavarme esas piedras en la cabeza. Pero un café no me permitirá dormir, y yo no quiero rodar por el colchón en plena oscuridad. Mañana arreglaré la ventana, pediré disculpas a su padre y le diré que la amo. Son esas piedras. Siempre puedo vaciar mi almohada, o aún mejor, dormir sin ella. Ay, es que la casa está demasiado vacía. Pero, ¡cómo no va a estarlo! La llame puta y se largó después del último polvo. Voy a hacerme un café, esta noche no quiero dormir.

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