miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ojalá volvamos a cruzarnos y acabemos enredados




Soy carne. Soy cebo. Soy ese piano con ansias de ser tocado por aquel maravilloso pianista. Soy deseable solo por un momento. Te has quedado mirando aquella foto que encontraste por casualidad, mi piel en blanco y negro te seduce, ¿verdad?  Atontado con las negras  medias de encaje que se ajustan a mis muslos con silicona, fáciles de quitar con sutileza. ¿Qué tiene? Te preguntas. ¿Y tú? ¿Qué tienes? Yo dejaba que me arrancaras las medias para dejarte correr por mis piernas, o correrte entre ellas. Dejaría la ventana abierta para que el sol se impregnase en mi cabello rojizo y darte todo el morbo que necesites, dártelo todo. Todo. La primera vez que vi tu cara no me llamaste la atención. Pero luego. . . uff  luego, qué cojones tenías después que no tenías antes. Ojalá volvamos a cruzarnos y acabemos enredados. Enredarme a ti, en tu cuello, en tu pecho , en tu cintura. En tu cintura. Que bailaría en tu cintura a pesar de que no tengo la mínima idea de bailar, improvisaría con todas mis ganas. Tu única misión es tirar de mi hilo y acercarme unos cuantos centímetros a ti, que una vez vea tu sonrisa sabré que será adecuado dar el paso y comenzar a bailar. 

Si me tocasen como Paterlini toca el piano...

No hay comentarios:

Publicar un comentario