Eh, escúchame un poco
Soy un veneno.
Cuando despiertas soy el color rojo de mi pelo al contraste de las sábanas
blancas, esas sábanas que huelen a nosotros, una fragancia que solo nosotros
podemos conseguir. Cuando me miras soy ternura al despertar más caricias de tus
dedos. No hay respuestas más que un simple parpadeo lento, el aleteo de una
mariposa ralentizada, el canto de una ninfa aullando socorro en el bosque. No
hay orden, las filas de palabras que nos ahorramos por no traicionarnos, las
líneas que sobrepasamos cuando dejamos de ser nosotros, el sol que se atreve a
colarse al dormitorio a robarme el sueño, o las olas osadas que se dedican a
raptar las huellas de la orilla. Soy todo eso cuando me miras aún soñando. Soy
parte de tu sueño en este mundo onírico que sólo yo sé fabricar. Por eso te
quedas conmigo cada noche. Porque soy veneno onírico, veneno onírico para
todos. ¿Y sabéis qué? No hay cura.
¿Lo notas? Estoy empezando a hacer efecto.
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