Aunque
tus ojos estén cerrados por años, seguirás viendo todo aquello que ya viste. Un
incendio de mariposas revoloteando al sol sobre altas hierbas verdes y húmedas,
reciente lluvia que cubrió las praderas horas antes para después arrastrar las
nubes a las montañas. No hay graznidos de cuervos, si no melodías de pequeños
petirrojos adornando mañanas junto al canto del agua correr por el riachuelo.
No hay más que cielo y horizonte, ninguno más eterno que el otro. Ni el cuervo
debe ser despreciado ni el petirrojo debe ser premiado con tanto
prestigio.
«Y tallamos nuestros nombres en los árboles…
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