«Mi corazón herido
camina apoyado en los restos de su esperanza. Soy la autora de canciones que no
encuentran melodía, la guitarra con cuerdas rotas y el vocalista que ha
resfriado su voz.
Soy un domingo de diciembre, una mañana
helada y un amanecer azulado intenso decorado únicamente con una fina y
delicada luna menguante adornado con un planeta reluciente.
Soy el jazz que suena lento. Salgamos hoy en pleno diciembre a bailar a aquel garito, que hoy van a
poner jazz. Soy la perfecta imperfecta, el agua
ardiente y pulverizada de la ducha, y las gotas que se cuelan en la boca
resbalando por los labios, la piel húmeda y caliente y el sensual vaho que
empaña vuestras mentes.
Soy nieve y lluvia, soy Audrey Hepburn frente
a Tiffany, soy como un diamante, como un rubí. Soy el cruasán
y el chocolate caliente en tardes frías y solitarias de invierno. Soy mi propio
amante, quién se dice a sí misma lo maravillosa que es su sonrisa, lo preciosa
que se ha levantado hoy y lo irritante que me vuelvo a veces. Soy quién decido
si visto bonita o no, soy quién decido si esa música es para mí o no, soy quién
decido si esta noche nos apetecemos o no. Soy dulce al paladar, un suspiro y
follar mientras suena jazz. Soy el sujetador que se desabrocha y la misma
humedad entre mis piernas. Soy lágrimas al recordar que se ha perdido, y
sonrisas al valorar lo que he ganado. Soy esfuerzo y orgullo, soy rendición.
Soy tu diamante, soy mi diamante. Soy todo lo que yo quiero ser, siempre sonando alguna
pieza de piano, un jazz o mis propias canciones de melodía
perdida, siempre sonando yo.
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