Poco a poco nos
quedamos vacíos, a pesar de tantos orgasmos guardados en cuatro paredes
forradas de trozos de papel escrito y fotos de Jimmy Hendrix. Yo sigo pensando
en aquel hombre que me lleve a áticos en verano y a salas de jazz en invierno,
entre el humo que se pierde entre rosales, sentada sola en el parque viendo
pasear a parejas en plenas navidades. Estoy cansada de hijos de puta, esa moda
que ahora os moja las bragas. Yo quiero un hombre que me regale una rosa por
sorpresa mientras yo observo a un grupo de músicos urbanos en la Puerta del
Sol, que alguna mañana me de los buenos días y una vez a la semana me lleve a
una chocolatería. Que me acompañe a casa de madrugada y que me haga una cena
especial por mi cumpleaños, que sepa que canción me puede hacer llorar, que
tema poner en el coche de camino al cine, que historias contarme cuando esté
tumbada aferrada a él sintiendo el ardor de su piel y sus susurros en mi oído.
Que sepa regalarme la luna sin necesidad de bajarla del cielo, que me
impresione con un colgantito de tres euros cuyo significado vaya más allá del
otro lado del océano. Que por las noches antes de dormir le cuente mis
filosofías mientras le miro a media luz a sus ojos, verdes o negros,
interesados en cada palabra que sale de mi boca. Que cuando me bese sepa que me
encanta que me muerdan la oreja y que cuando me folle sepa mirarme a los ojos y
soltar un instante sonrisa mientras me pregunta y me insinúa con tiernas
guarradas que me pongan burrísima. Que sepa a dónde llevarme cuando planeemos
un viaje y se venga conmigo esos fin de semanas al pueblo y charle con mi madre
mientras hace la comida. Que mientras me ducho se cuele en el baño y me bese el
cuello empapado y suave de jabón. Que cuando escriba algo de lo que me sienta
orgullosa él sea el primero en leerlo, y que, ojalá, llegue a emocionarle con
alguno de mis relatos.
Llega un momento en el que tu ideal no
es un físico, si no una actitud.
Estoy harta de follarme a tíos que no
muestran una actitud. Quizá yo tampoco la muestre, pero no me esfuerzo en
cuatro niñatos que ni fingen interés en mis sueños. 'No entiendo por qué no
tienes novio' me han dicho más de una vez. No sé, chico, quizás tú también
quieras un polvo, un par de risas bañadas en alcohol y un buen rollo
evanescente... pues quizás, por eso no tengo novio, porque aún no he conocido a
nadie que se pare a conocerme de verdad. Y, la verdad, no me quejo de mi
situación, pero no me importa esperar diez años para conseguir a alguien que
quiera compartir mis sueños. Los orgamos quedarán sellados en estas cuatro
paredes, a los ojos de Jimmy Hendrix, pero mis pequeños deseos siguen esperando
en una caja fuerte.
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