sábado, 29 de diciembre de 2012

PRIVATE




Poco a poco nos quedamos vacíos, a pesar de tantos orgasmos guardados en cuatro paredes forradas de trozos de papel escrito y fotos de Jimmy Hendrix. Yo sigo pensando en aquel hombre que me lleve a áticos en verano y a salas de jazz en invierno, entre el humo que se pierde entre rosales, sentada sola en el parque viendo pasear a parejas en plenas navidades. Estoy cansada de hijos de puta, esa moda que ahora os moja las bragas. Yo quiero un hombre que me regale una rosa por sorpresa mientras yo observo a un grupo de músicos urbanos en la Puerta del Sol, que alguna mañana me de los buenos días y una vez a la semana me lleve a una chocolatería. Que me acompañe a casa de madrugada y que me haga una cena especial por mi cumpleaños, que sepa que canción me puede hacer llorar, que tema poner en el coche de camino al cine, que historias contarme cuando esté tumbada aferrada a él sintiendo el ardor de su piel y sus susurros en mi oído. Que sepa regalarme la luna sin necesidad de bajarla del cielo, que me impresione con un colgantito de tres euros cuyo significado vaya más allá del otro lado del océano. Que por las noches antes de dormir le cuente mis filosofías mientras le miro a media luz a sus ojos, verdes o negros, interesados en cada palabra que sale de mi boca. Que cuando me bese sepa que me encanta que me muerdan la oreja y que cuando me folle sepa mirarme a los ojos y soltar un instante sonrisa mientras me pregunta y me insinúa con tiernas guarradas que me pongan burrísima. Que sepa a dónde llevarme cuando planeemos un viaje y se venga conmigo esos fin de semanas al pueblo y charle con mi madre mientras hace la comida. Que mientras me ducho se cuele en el baño y me bese el cuello empapado y suave de jabón. Que cuando escriba algo de lo que me sienta orgullosa él sea el primero en leerlo, y que, ojalá, llegue a emocionarle con alguno de mis relatos.
Llega un momento en el que tu ideal no es un físico, si no una actitud. 
Estoy harta de follarme a tíos que no muestran una actitud. Quizá yo tampoco la muestre, pero no me esfuerzo en cuatro niñatos que ni fingen interés en mis sueños. 'No entiendo por qué no tienes novio' me han dicho más de una vez. No sé, chico, quizás tú también quieras un polvo, un par de risas bañadas en alcohol y un buen rollo evanescente... pues quizás, por eso no tengo novio, porque aún no he conocido a nadie que se pare a conocerme de verdad. Y, la verdad, no me quejo de mi situación, pero no me importa esperar diez años para conseguir a alguien que quiera compartir mis sueños. Los orgamos quedarán sellados en estas cuatro paredes, a los ojos de Jimmy Hendrix, pero mis pequeños deseos siguen esperando en una caja fuerte. 

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